miércoles, 14 de abril de 2010

Furia de titanes (Clash of the Titans, 2010)



Recuerdo Furia de titanes (Clash of the Titans, 1981) como una película entretenida. La recuerdo dentro de un viaje nostálgico cuyo vehiculo es mi mente. Pero si de algo realmente me acuerdo, es de los efectos especiales en stop motion del gran Ray Harryhausen. Más aún, pues se trató de su última aportación al cine. Recuerdo los escorpiones de gran tamaño, a Medusa, al Kraken,  Pegaso, Cancerbero o al barquero de los muertos. Todas esas imágenes, que siguen sin perder su encanto y, sobretodo, su magia hoy en día, son las que hacen de Furia de titanes una obra de culto más allá de que, admitámoslo, se quede lejos de una obra maestra como Jason y los argonautas (Jason and the Argonauts, 1963) o aventuras varias de Simbad o Hércules. El verdadero punto fuerte de aquel Furia de titanes es la lucha contra la gorgona Medusa, que convertía en piedra a quien la mirase a los ojos. No solo podemos considerar dichos minutos lo mejor de la película, sino lo de lo mejor del cine de aventuras mitológicas (o no) en general. A parte, una vez más, brillante criatura creada por el citado Harryhausen. Y comento esto porque, precisamente, con la visión de la nueva Medusa creada para el remake que nos ocupa, generada por ordenador, sin pizca de alma y con una cara más bonita, nos hacemos una idea de lo que acontece en el conjunto. Eso es la nuevo Furia de titanes: generada por ordenador, sin alma y con un lavado de cara para hacerlo todo más espectacular y, en cierto modo, más bonito.


Pero, qué queréis que os diga. Los efectos especiales, salvo el clímax final en el cual vemos a un gigantesco Kraken, no son para tirar cohetes. La espectacularidad se basa en aumentar el tamaño de las criaturas (además del citado Kraken, prestar atención a los escorpiones, pues del tamaño de un león en la original pasan a ser una especie de Gozdilla con varias patas) y en hacer que los protagonistas y secundarios peguen más gritos, maldigan más a los dioses y suelten frases heroicas y concisas. Otros cambios más o menos destacables: el caballo alado Pegaso ya no es blanco, sino negro, y, o no estuve atento y no vi al perro diabólico Carcebero o es que realmente se olvidaron de él hasta para un cameo. Eso si, el barquero aparece, a modo Skeletor, y tenemos un pequeño guiño al búho metálico. Por lo demás, el nuevo Perseo, interpretado por el ascendente Sam Worthington –destinado, si todo va a bien, a ser la principal estrella taquillera de comienzos del siglo XXI) tiene menos carisma que las patatas fritas sin sal. Solo tiene dos gestos, y se repiten durante hora y media. No pienso que sea culpa del actor, ya que en Terminator Salvation (2009) y un poco en Avatar (2009) demostró tener algo de talento, pero creo que su director, el francés Louis Leterrier, no es el más indicado para sacar buenas interpretaciones de actores aún con mucho que demostrar. Eso y que, además, todo en Furia de titanes parece hecho de carrerilla, en una lucha contrarreloj por no pasarse de un "modesto" presupuesto (más tarde aumentado con el erróneo traspaso a tres dimensiones) y preocupándose más por el ruido que por las nueces.


No obstante, después de todo lo dicho, de todos los errores evidentes del remake, de haber esperado algo grande y haber encontrado algo pequeño, no puedo suspenderla. No soy capaz. No sé si es porque salen Liam Neeson y Ralph Fiennes pasándoselo pipa interpretando, sin mucha vergüenza, a los dioses Zeus y Hades, respectivamente. No sé si es porque, al fin y al cabo, sus cien minutos (quince menos que la original) se me pasaron volando aunque todo me importase un carajo. No sé si es porque algunos decorados, más clásicos de lo esperado, me remitían directamente a la antigua, o porque algunos efectos especiales me llevaron a mi época pre adolescente cuando flipaba con la peli de Mortal Kombat (1995). O puede que Gemma Arterton esté muy buena. La verdad es que, no salí cabreado del cine. No eche pestes tipo “sacrilegio”, “horror”, “insulto a la original”. Tal vez si pensé que Leterrier no es la persona indicada para encargarse de este tipo de superproducciones -aunque si de productos de serie B tan entretenidos como su Transporter 2 (2005)-, que espero que el remake que se avecina de Jason y los argonautas sea algo más que un divertimento tan olvidable, y que, si quieren hacer películas en 3d, las hagan así desde el principio de la filmación, y no, como es el caso, en post producción y con prisas. Yo no fui tonto, y no pagué los dos euros de más porque ya me informé sobre la chapuza (fotografía oscura, escenas de acción mareantes, nulo efecto de profundidad).

Valoración (0 a 5): 2,5


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